Por tercer año consecutivo, Festival Internacional de Cine Documental y el CUPI realizan actividad conjunta como parte de la programación

Texto: Ana Claudia Álvarez

Fotos: Emilio, Daniel Franco, Jesús Arvizu.

Infografías: Mario Ortega


El sistema penitenciario es el reflejo de una sociedad que ha fallado en prevenir la violencia, garantizar derechos e impulsar mecanismos de inclusión, coincidieron participantes durante el conversatorio “Años luz de casa”, realizado por Doqumenta en colaboración con el Centro Universitario de Periodismo de Investigación (CUPI) de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS).

El conversatorio tuvo como base el documental “Vidas en la orilla”; analizó las consecuencias del encarcelamiento de Rosa, migrante mexicana condenada a prisión en Texas, Estados Unidos, después de querer salvar a un joven de ahogamiento, así como las secuelas que la prisión dejó en su vida y la de su familia.


Moderado por Arantza Hazel, ganadora de mención honorífica en Premio Estatal de Periodismo 2026 (categoría entrevista), el diálogo reunió a Omar Vielma Luna, Doctor en Psicología y Educación; y David Antonio Jiménez Morales, Maestro en Ciencias Sociales, quienes coincidieron en señalar: las prisiones deben analizarse más allá del castigo.


Para Omar Vielma, el caso de Rosa evidencia que el sistema penitenciario es la consecuencia de problemas sociales más profundos.


Afirmó que “el sistema penitenciario técnicamente tendría que ser un sistema obsoleto” y sostuvo que hacer prevención no significa “tener buenas ocurrencias”, sino construir diagnósticos científicos que permitan intervenir antes de que la violencia ocurra.

Vielma Luna aseguró que “el sistema penitenciario es la culminación de nuestro fracaso como sociedad”, pues refleja la incapacidad para generar oportunidades, inclusión y políticas públicas eficaces.

El catedrático añadió que la experiencia de Rosa trasciende su historia individual. “La historia de Rosa no es solo su historia, sino la historia de otros actores que están en la periferia”, consideró, al explicar que el encarcelamiento trastocó su identidad como madre, esposa y mexicana. 

Además, cuestionó qué ocurre cuando una persona pierde el control sobre su propia narrativa: “¿Qué sucede con la identidad cuando su historia es interrumpida y además es contada por otros?”. Frente a ello, destacó la intervención del documental como “un acto político que permitió que Rosa contara su historia”.

“Tribunal alterno” de medios puede conducir a “funa pública”

Por su parte, David Jiménez señaló que, aunque históricamente el castigo pasó del ámbito público al privado, las cárceles siguen funcionando como un castigo.


“No vamos a la prisión como lo que debe ser, un centro de reinserción social”, afirmó el periodistas, pues el encarcelamiento continúa generando exclusión, criminalización y revictimización.


Advirtió que personas que ingresan por delitos menores terminan compartiendo espacios con responsables de crímenes de alto impacto y enfrentan las mismas condiciones de encierro.

Explicó que esta situación se prolonga incluso después de recuperar la libertad. “El principal reto es el estigma, la pregunta es ¿cuánto tiempo tienes que estar cargando con el estigma?”, planteó. 

A su juicio, la reinserción no puede cumplirse si la sociedad mantiene prejuicios hacia quienes estuvieron en prisión, por lo que insistió en la necesidad de brindar acompañamiento psicológico y replantear la forma en que se mira a las personas exoneradas. “Estamos hablando de un fallo como sociedad y la manera en que vemos a la otra persona”, expresó.

Los participantes del conversatorio reflexionaron sobre la responsabilidad de los medios de comunicación en la construcción de esos prejuicios.

Para David Antonio Jiménez, la cobertura informativa puede convertir a la prensa en “un tribunal alterno” y alimentar una lógica en la que “el castigo ahora es una funa pública”. Por ello, llamó a comunicar respetando la presunción de inocencia y “cuidando la identidad de las personas” y de las víctimas indirectas.

Omar Vielma consideró que el problema es más amplio. “Yo no creo que el problema sean necesariamente los medios”, afirmó, al señalar que la atracción social por la violencia también responde a la forma en que se construyen los vínculos familiares, escolares y comunitarios.

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