Texto y fotos: Daniel Franco

Infografías: Mario Ortega

Mientras el sol caía en las calles de la capital de Querétaro, se formaba una larga fila en la salida de calzada Los Arcos hacia Hércules, pues la música tropical y el funk se apoderarían del “Salón Salvaje” de la Cervecería Hércules la noche del jueves 20 de agosto. 

Con una jornada dedicada al baile que comenzó alrededor de las 8 de la noche, el recinto reunió diversas propuestas musicales para el público local.

Entre luces ámbar junto a las tornamesas y bajo el brillo de una bola disco, el espacio todavía contaba con pocos asistentes. 

Sin embargo, al regresar a mi automóvil por algo que había olvidado, descubrí que la ausencia de personas dentro del recinto tenía otra explicación: una fila de vehículos esperaba afuera por un lugar donde estacionarse para entrar al evento en la cervecería.

Conforme se acercaban las 20 horas, las conversaciones comenzaron a mezclarse con la música. Las primeras parejas se acercaron a la pista mientras la bola disco iluminaba cada esquina del salón.

La programación arrancó con temas como Los Daddys de Chinantla y La Cumbia Salvaje, de Chucho Ponce, marcando los primeros pasos de la velada.

El evento, anunciado como “Noche de Cumbias y Funk”, contaría con la participación de selectores y DJs como Agogótica, El Ale de Portales, Comet Dan y Escuby.

Sonaron La Piragua, Hablando de tu corazón y Amor Eterno

La cumbia podía tener diferentes lugares de origen, pero aquella noche todos sus caminos parecían conducir al mismo sitio: la pista de baile. Su cometido parecía ser reunir a cuantas parejas pudieran para seguir el ritmo de cada tema que sonara. 

A las 8:15 de la noche, comenzó a tomar sentido el nombre de “pista de baile”: quienes ya contaban un lugar y los que iban llegando tomaban su espacio para mostrar los pasos que tenían.

Entre el repertorio sonaron La Piragua, interpretada por “Los Black Stars”, y también hubo momentos emotivos con temas como Amor Eterno, en la versión de “Los Ángeles Azules”.

La cumbia dio paso entonces a una selección musical de otras épocas y géneros, como Express, de B. T. Express, que se enlazó con Hablando de tu corazón, de Charly García y Pedro Aznar. 

El cambio amplió la propuesta sonora más allá del género tropical. Tal vez por la complejidad de un baile y otro, o quizá por la música que comenzaba a envolver a los asistentes, más personas se animaron a entrar a la pista.

Conforme avanzaba la noche, la pista se fue llenando y las mesas quedaron cada vez más alejadas del centro de atención. Las luces ámbar continuaban sobre las tornamesas mientras la bola disco repartía reflejos por el salón. 

Después de más de dos horas de cumbia, funk y baile, el “Salón Salvaje” comenzaba a despedir una noche que había iniciado con una fila de automóviles afuera y terminaba con la pista ocupada.

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